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ISSN 1989-4163

NUMERO 76 - OCTUBRE 2016

El Descubrimiento del Erotismo

Carmelo Arribas

 

     

La restauración de unos frescos del S. IX, en las cuevas del pueblo italiano de Matera, famoso porque parte de su población ha habitado dichas grutas de modo ininterrumpido, posiblemente desde el paleolítico, me trajo a la mente, (frente a la teoría de que el pecado original, no es sino la conciencia de la existencia del bien y del mal que nos separa del mero instinto animal, que no establece valores morales a su conducta),  el descubrimiento de la sexualidad humana, al representarse  a Eva dándole, un higo, en lugar de la clásica manzana a la que nos tiene acostumbrada la iconografía, a Adán. Y este mero hecho, abre un montón de interrogantes y respuestas que nos permiten comprender, desde el descubrimiento del placer   sexual, como un elemento con entidad propia, diferente al utilitarismo de su uso como elemento de procreación, hasta la culpabilización social de la mujer como origen de todo mal.  Nada dice en la Biblia  sobre el tipo de fruta con el que la serpiente tentó a Eva y que esta compartió con Adán. Solo dice, “como viera la mujer que el árbol era bueno para comer… tomó su fruto y comió”. Pero no es solo esta, de Matera, la única representación en la que el artista  coloca como fruta del pecado a un higo; podemos encontrarlo en la Crónica Albeldense del S.X. ¿Por qué? Primero, porque la fruta más habitual  entre los judíos, eran los higos, lo cual a su vez podría constituir un argumento  contradictorio para considerar a este árbol singular y único. ¿Cómo va a prohibir Dios precisamente comer de  un fruto que era tan común? Pero por otra parte no creo que el escritor bíblico conociera las manzanas y si se examina con detenimiento el relato, no desprestigia a los higos, sino más bien al contrario, porque lo identifica como un árbol extraordinario, cuyo fruto  proporciona sabiduría. ¿Por qué entonces se ha considerado a la manzana como la futa prohibida? El secreto está en su nombre latino, lengua franca que se utilizó en la mayoría de los escritos hasta bien entrado el Renacimiento y que desvelaremos más tarde, revelando con ello la consideración de la mujer en la mente de la sociedad del momento.

¿Por qué entonces el higo? La explicación para el artista de los frescos, era de lógica y sentido común. Dice el escritor bíblico, que nada más morderlo descubrieron que estaban desnudos y que cubrieron sus sexos con unas hojas de higuera, lo que indica que el árbol bajo el que se encontraban, era una higuera, por  lo que lo más probable sería que la fruta que habían comido, fuera un higo. Y no es nada raro, que si al comerlo descubrieron que estaban desnudos, y por lo tanto descubrieron la sexualidad y el pudor, esta fruta haya pasado sobre todo en el ámbito mediterráneo con connotaciones sexuales, utilizándose la palabra “figa”, como un vocablo que evoca, tanto higo, como vagina...

¿Entonces por qué el éxito que ha tenido la manzana como fruta que ofrece Eva a Adán y que según el escritor bíblico nos arroja del paraíso de la inocencia para abrirnos los ojos  a la “humanización”, o la “sexualidad”?
La clave de todo se encuentra en la palabra latina “mala”, que significa manzana, de este modo se identifica a la mujer con el fruto, reafirmando esta consideración social, en el que la mujer era un elemento del que partían todos los males, como primera inductora del pecado y elemento de influencia nociva para el hombre. De ahí a que esta consideración acabara con el higo, como fruta de la tentación, a la manzana, cuya estética además de más llamativa para el artista consolidaba el carácter maléfico de la mujer.



 

 

Erotismo

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